El ladrón de coches por Theodore Weesner

Otro clásico de la literatura estadounidense que nos llega tarde, más de 40 años después de su publicación en USA. Más vale tarde que nunca! Y si utilizo la palabra “otra vez” como una clase de interjección, no es por cansancio, sino más bien por gratitud. ¡Otra vez! Gracias, me gustaría un poco más y más… Después de estar habituados a bellísimos descubrimientos de esta clase con las ediciones de Monsieur Toussaint-Louverture, aquí las ediciones de Tusitala también empiezan con un libro muy hermoso de Theodore Weesner. ¿De qué se habla? Quisiera reiterar el resumen propuesto por el editor:

“Alex, de 16 años, termina de quitar su decimocuarto coche. No para venderlo o meterse en el tráfico, no, sólo para conducir, para huír de una vida día tras día aburrida entre una escuela donde ha perdido completamente el interés y una familia rota – un padre alcohólico que trabaja en Chevrolet, una madre que salió a otro lugar para llevar a su hermanito con ella.

Inspirado mayormente por la juventud del creador, que, como Alex, descubrió la lectura en un reformatorio después de ser detenido al volante de un vehículo que no era de el, El ladrón de coches consigue hacer un personaje universal, un joven perdido que se hunde en la delincuencia sin no saber acerca de ello. Se empantana delicadamente, con la promesa de ser arrestado por algo que por último perturbe su morosa vida.
Siguiendo el fluído inexorable de este personaje perdedor, Theodore Weesner teje una sensible y emocionante novela iniciática sobre las relaciones padre-hijo, el estudio del amor en la adolescencia, la búsqueda del hermano perdido y el desenlace de la niñez.

Como habréis comprendido, es una novela de estudio, una novela iniciática dividida en cinco enormes libros. Una delicada novela que cuenta la difícil travesía de Alex, un joven que muy rápidamente, después de unos pocos capítulos conducidos sin inconvenientes, acaba en un centro para jóvenes delincuentes. Esta parte del libro es también el testimonio de una época en un mundo difícil en el que los niños acaban encerrados y algunas veces por nada. No obstante, este libro no es sólo la narración de un delito y la redención, sino también la narración de una difícil relación entre un padre y su hijo. En todo el libro, con Alex vacilamos, sufrimos con él, Alex amado por un padre alcohólico que no sabe hacerse comprender y una madre ausente a la que solamente recuerda. Es un libro enormemente autobiográfico, un libro que cambió la vida del creador al estudiar del propio creador en el epílogo. Eso suena como el valor de Steve Tesich. En los primeros días de su encarcelamiento en un centro de inferiores, Alex recibe una carta de su padre que me pareció emocionante, porque también llena de torpeza, modestia… De esta carta, es también el comienzo de las promesas de un padre obsoleto que sigue volviendo. No obstante, aunque me gustó bastante esta novela, preferí el estilo de Steve Tesich, que me pareció más cautivador. No obstante, este libro es una historia extraordinaria que acaba conmovedoramente… ¡Leer!

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